Yonquis del tabaco

1 Feb

En la cola del estaco, los fumadores parecen yonquis esperando con ansia su nueva dosis. Muchas veces contando las moneditas del fondo de sus carteras para alcanzar el precio final, y algunos, fumándose un cigarrillo en cuanto salen del establecimiento y llenando sus pulmones hasta el fin con el asqueroso humo negro. Los estancos podrían compararse a los lugares de venta de heroína, como los que aparecen en la tele de la Cañada Real, por ejemplo, aunque en legal. Una persona tras una ventanilla -ventanuco diría más bien- que solo ofrecen su mano con la mercancía y la moneda de cambio para disuadir los malos pensamientos de sus clientes, los adictos.

Los yonquis del tabaco destacan del resto de personas porque siempre están nerviosos, viendo el momento y el lugar de encender el próximo pitillo. Se distinguen rápido por el olor que desprenden. Cuando van en autobús, a menudo nadie quiere sentarse con ellos por semejante aroma desagradable. Y en otros lugares, como conferencias o charlas, cuando entra tras apagar el último cigarro, todos le miran y no pasa desapercibido.

Llega la noche, pitillo tras la cena, pitillo tras la infusión tranquilo en el sofá. Le queda solo un cigarrillo y en principio no tenía ganas de fumar más por hoy. Pero, y si se fuma ese último cartucho, ¿qué pasa? se queda sin provisiones ¿Qué hará mañana tras el café de desayuno? ¿Y si más tarde no pudiera dormir y le apeteciera encenderse otro? El ansia que provoca la pérdida de ese último cigarro provoca que el yonqui se lo termine fumando. Y eso que no tenía ganas…

Por no hablar de la cara. Este tipo de yonquis tiene la cara chupada, arrugada, envejecida. Si tienen bigote es el colmo, porque lo llevan teñido de color amarillo. Si precisa una alta dosis diaria, se le tiñen hasta los dedos. Sus bolsos o carteras están llenas de cajetillas -llenas o vacías-, mecheros -propios o robados-, y un fondo de basurilla que dejan los restos del tabaco picado.

Se relacionan entre ellos, hacen piña, se ayudan, son solidarios con otros fumadores, como si tuvieran cosas en común. Y si hablas con ellos siempre te dirán: “Lo estoy dejando”.

Bitacoras.com

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